Recientemente, en una encuesta hecha entre mil adultos se descubrió que, a la mayoría de las personas les lleva un promedio de 10 a 14 minutos para perder la paciencia mientras esperan haciendo cola, y que solo se requieren de 7 a 9 minutos si lo hacen por teléfono. La impaciencia es una caracteristica común.
Esas informaciones me hacen recordar, según la Biblia, lo que el apóstol Santiago escribió sobre un grupo de creyentes que luchaban para tener paciencia hasta que Jesús volviera: “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor, mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y tardia.” (5:7-11)
Vivian épocas de explotación y angustia, y el apóstol Santiago los alentaba a “programar su temperamento” para largo plazo. Al desafiarlos a que perseveraran en medio del sufrimiento, intentaba estimularlos para que permanecieran firmes y vivieran de manera sacrificada hasta que el Señor volviera a arreglar todo. Fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca” (5:8).
Por medio de esta Escritura, podemos ver cómo el apóstol les insistía a ser como el granjero que espera pacientemente a que llegue la lluvia y la cosecha, y a ser como el patriarca justo y siervo llamado: Job, quién demostró perseverancia en las dificultades (ver v. 10-11). Cuando estamos viviendo experiencias angustiosas, Dios desea ayudamos a seguir viviendo por fe y a confiar en su compasión y misericordia (v.11), nosotros los creyentes en Cristo podemos deducir que debemos de afirmar nuestra fe por medio de la Palabra de Dios, (Santiago:1:21-25); y del Ministerio del Espiritu Santo (Efesios 3:16).
En resumen: ¿Qué debemos hacer durante los momentos de impaciencia? Pedirle a Dios que nos dé gracia y fe, que nos ayude a seguir confiando en Él, a esperar que se haga su voluntad y a no tomar decisiones sin consultar a Dios.
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