Me comentaba un hermano en Cristo que él y su esposa tardaron cerca de 10 años en su matrimonio para tener su primer bebé, eso a ellos les causó mucho estrés y desánimo e incluso un amigo de su infancia que lo conocía perfectamente le explicó que tal vez Dios, no les proveía familia porque pensaba de que el iba a ser un mal padre por la razón de que cuando él era niño y aún de joven fue una persona que causó muchos problemas a sus padres.
Tiempo después se enteraron que iban a ser padres, y mientras atendían a su esposa, su niña lloraba en la incubadora. Me explicó que le dio la mano para consolarla y sus finos dedos le rodearon uno de los de él, en ese instante, el Espíritu Santo le quitó todas las dudas que le habían invadido y le confirmaron cuánto amaba a su pequeña niña y eso le dio confianza de que iba a ser un buen padre.
Está experiencia compartida me recuerda el pasaje bíblico que se encuentra en primera de Reyes 17:17-24, Donde la viuda de Sarepta también tenía dudas. Su hijo había contraído una enfermedad mortal. Desesperada, clamó: ¿ Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo?, (v.18). ¡ Pero Dios tenía otros planes!
Nosotros servimos a Dios. el cual es más poderoso que las luchas que heredamos y cuyos deseos de perdonar, amar y de solucionar la pérdida de comunión con Él no tiene límites. El Señor está presente allí donde se esconden nuestros temores. Nuestro Dios es un Dios fiel e incomparable. No hay nadie como Él, es fiel es único es misericordioso y Él cuando perdona, perdona y jamás se acuerda de nuestros pecados.
Dios le bendiga. ¿Le atormentan sus pecados del pasado?
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