Me sorprendió leer un artículo en un periódico muy popular que elogiaba a un grupo de jóvenes que practicaban el deslizarse sobre la nieve (esquiar) y que en ese tiempo, tenían reuniones cristianas semanales en la ladera de una montaña. La historia escrita por la periodista Kimberly Nicoletti en un periódico atrajo una gran audiencia con su relato sobre este grupo que ama practicar este deporte y contar cómo Jesús les cambió la vida.
A estos jóvenes los respalda una organización juvenil cristiana que los entrena para demostrar el amor de Dios. Es más fácil hacer cosas uno mismo que entrenar a otros; no obstante, Jesús invirtió su vida en una docena de discípulos a través de los cuales se extendería la obra de Dios a todo el mundo.
En medio de la necesidad imperiosa de personas que clamaban para ser sanadas, esa historia, me hace recordar el siguiente pasaje bíblico: el Señor subió a un monte, y allí “estableció a 12, para que estuviesen con Él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3:1 -15). Jesús, por un acto explícito de su voluntad, formó un grupo aparte de 12 hombres que estarían entre sus seguidores. El nuevo grupo constituyó la base de su iglesia.
Una de aquellas deportistas mencionadas en estap historia declaró en cuanto a su entrenamiento para el discipulado: “nunca tuve capacidad para desarrollar relaciones interpersonales con familiares ni amigos; los mantenía a cierta distancia. [El programa] me mostró el amor de Dios y abrió mi corazón para que me extendiera a otras personas”. Cuando experimentamos el amor de Cristo y estamos en compañía de Él y de sus seguidores, encontramos valor para actuar y hablar de manera que honren a nuestro Señor.
¿Tiene usted valor para hablar de Cristo?
Si tiene preguntas sobre el tema puede llamar al número (832) 659-2454, ¡Dios le bendiga!





